Esta Cenicienta ya ha pasado por noches increíbles y por eternas tardes de tristeza. Esta Cenicienta ha amado al Príncipe azul y al vagabundo pensando que ese podía ser su cuento de hadas. Esta Cenicienta ha reído con chistes malos y ha llorado por razones que estaban más allá de ella.
Esta Cenicienta ha caído y ha llenado de lodo su mágico vestido. Pero esta Cenicienta se levantó y lanzó sus zapatos de cristal bien lejos para correr en libertad.
Para ser, finalmente, feliz. Por el tiempo que dure.
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domingo, 8 de enero de 2012

I finally found you

Yo solía pensar que sabía quién eras tú, no sabía que dentro de ti yo iba a encontrar la luz, no sabía que existía un mundo así, no sabía que podía ser tan feliz. 
Y la vida pasaba de largo, vacía, sin emoción, no había nada flotando en el aire abrazándome el corazón.
Hoy que estoy en tus brazos recuerdo mi soledad, y me río pensando en las veces que yo te dejé pasar.
Llegaste tú y el mundo me abrazó. Y llegaste tú y me sorprendió el poder que había en este amor, y llegaste tú, una bendición, aún recuerdo el momento en que todo cambió.

Canción: Y llegaste tú de Sin bandera. 
Cuesta tanto encontrar últimamente buenas letras en las canciones.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Little secret

¿Sabes qué? hoy, y repito: sólo hoy, voy a contarte un secreto. Agarrate fuerte a él si te apetece, sino déjalo volar como si no hubiera salido de mi boca. Pero sí, aunque te parezca increíble, hoy me voy a saltar mi regla, te voy a decir exactamente que tú eres mi gran debilidad, formas parte de mi lista de obsesiones, deseos y ganas. ¿Que por qué te lo digo? Porque tengo unas enormes ganas de ti, que día a día van creciendo más. ¿Qué hago si me has devuelto las tontas mariposas y la gran sonrisa de oreja a oreja que tanto echaban de menos mis labios? Pero calla ¿eh? Que esto sólo es un pequeño secreto. Esto es algo entre tú y yo. Esto es algo nuestro...

martes, 18 de octubre de 2011

Amar


Amar es desear tocar su alma a través de su cuerpo, sentir y palpitar con un beso. Soñar con un futuro, desear y luchar cada día por ser mejor para esa persona.
Amar es disfrutar de lo simple de la vida: Un beso, una rosa, una canción. Se convierten en los cómplices perfectos en una relación.
Amar es desear cambiar el mundo, refugiarte en la calidez de sus brazos y pensar en que todo cambiará. Es anhelar tener un poco más de tiempo para contemplar la belleza de la vida a través de sus ojos. Un amor puro no te exige… Te fortalece, te acompaña. Un amor sincero no te condena… Te hace libre.

lunes, 17 de octubre de 2011

Countdown - Parte 14



Confesiones


―Me sorprende que no hayas rehecho tu vida, Jean ―habló Damien la noche siguiente como quien hablaba del clima. 
Estábamos solos. Sólo él y yo en aquella habitación que me parecía cada vez más borrosa. Cada vez más distorsionada. Los analgésicos que me suministraban eran demasiado fuertes y la mayor parte del tiempo me hundía en una extraña bruma que me alejaba de la realidad del suelo. Dormía doce horas al día y casi nunca cuando Damien estaba conmigo.
Alyssa había ido a nuestro departamento para darse un baño y cenar decentemente. Había accedido a dejarme sólo porque Damien prometió cuidar de mí.                
―No encontré nadie que valiera lo suficiente la pena ―nadie que pudiera quitarte de mi mente, dije en mis adentros―. Además he estado ocupada con mi trabajo desde que llegué a Londres ―expliqué burdamente.
―Pero en tu oficina debió de haber escritores y periodistas varones ―arremetió con la mirada agachada hacia la pantalla de su laptop. Distraído.
―Obviamente, pero te lo he dicho, simplemente nadie cubría los requisitos.
Damien guardó silencio por un largo rato, mientras tanto yo empezaba a sentir ese mareo previo al sueño que últimamente conocía muy bien.
―¿Por qué abandonaste San Francisco en un principio? ¿Por qué lo dejaste todo sin aviso?―le escuché preguntar. Pero yo ya no estaba en condiciones de responder.
Morfeo me había tomado entre sus brazos apartándome del dolor por toda una noche. Librándome de una respuesta incómoda.

Desde el día siguiente, el día quince de internación, la leucemia se hacía sentir más que nunca. Ya no podía caminar de mi cama al baño, las piernas no soportaban mi peso y debí atarme a una silla de ruedas para lograr moverme de lugar. Ya no podía sostener una lapicera en mis manos y mi caligrafía resultaba ininteligible, por lo que Alyssa me dejaba su laptop para continuar escribiendo mientras Damien no estuviera por allí.
Una semana después, ni siquiera un teclado electrónico era útil. Aly decidió escribir por mí lo que fuera que le dictara.
Damien me visitaba todos los días después de salir de su estudio, me quedaba observándolo cuando creía que él no me veía y se mantenía entretenido con sus escritos y bocetos. Memorizando cada rasgo y cada gesto de aquel hombre que se había colado en mi interior más que cualquier otra persona.
Aquella noche, su teléfono celular resonó en la habitación con una alegre canción que, en momentos como aquellos, resultaba tan fuera de lugar. Él se apresuró a contestar luego de hacerle una mueca a la pantalla del teléfono.
―Sí, Jennifer ―dijo cerrando su computadora―. Ya te he dicho que una vez que salga de la oficina no estoy para nadie ―una pausa―. Lo sé, dile al señor Cambridge que estamos trabajando en ello, que no se apresure pues es un trabajo delicado.
Debía de ser su secretaria, quizás la misma mujer morena que había visto aquella vez en la cafetería. Quizás también su pareja.
―¿A qué viene tu insistencia a llamarme a horas que bien sabes son mías y no del trabajo? No, no digo que estés siendo fastidiosa, simplemente nunca has insistido por algo como esto. Estoy en algo importante ¿sabes? Nos veremos mañana, si no te molesta ―habló educado y cortó la llamada.
―Creo que alguien, a diferencia de mí, sí ha rehecho su vida ―musité desde mi lecho, girándome a duras penas hacia él. Las vías introvenosas estiraron la piel de la que se tomaban y el respirador en mi nariz se movió de su lugar original. Me lo acomodé como pude.
Él pareció despertar de un sueño al escucharme hablar y enfocó su mirada en mí. Me dedicó una media sonrisa.
―Se puede decir que sí. No me conformé con el título de arquitecto y fui por la ingeniería...
―No me refiero a eso ―lo interrumpí ―. Hablo de Jennifer.
―Ah, ella. No somos pareja ―dijo seguro agregando el movimiento de su mano―. No te voy a negar que la elegí como mi secretaria porque al principio existió una atracción entre ambos pero… ―calló y se mostró pensativo―, ella no es de esas personas con la que mantener una relación estable. La verdad, tampoco he encontrado a nadie que quiera algo serio conmigo y ya estoy cansado de sentimientos vacíos ―me explicó―. Siendo soltero he tenido más tiempo libre, y ya me conoces, no puedo estar sin hacer nada, por lo que me dediqué a perfeccionarme y, como ahora, a perseguir mi sueño. Nada más necesitaba alguien que me diera ese empujón de inicio.
Me resultaba fascinante escucharlo hablar. Su voz. Las formas de sus labios al modular las palabras. El cambio en la expresión de sus ojos cuando hablaba del tiempo o de su vida.
―Me alegra que hayas encontrado quien te ayude a lograrlo ―hablé con una sonrisa.
Damien me miró fijamente por mucho tiempo, traspasándome con su mirada y llevándome a una paz que hacía bastante no sentía.
―Sí, me alegra haberte encontrado ―dijo tan suavemente que creí no haberlo escuchado en realidad.
―¡Vamos! ¡Cómo si tú necesitaras de alguien como yo para hacer cualquier cosa! ―exclamé incrédula.
Él suspiró, se quitó los lentes, tomó su laptop de su regazo y la dejó a mis pies, sobre la cama.
Acercó su silla y, por consiguiente, su cuerpo al mío. Colocó su gran mano sobre mi mejilla afiebrada y atrapó mi mirada con la suya por toda una eternidad.
Sus ojos brillaban diferentes, creí que se debía a la luz fluorescente sobre mi cabeza. Pero casi al instante supe que ese brillo venía desde su interior, pues contenía sentimientos que no pensé que vendrían de él hacia mí.
No era lástima, ni siquiera era cansancio por tener que estar conmigo cada día.
―He estado escribiendo novelas desde hace años pero nadie había demostrado confianza en mí más que tú desde siempre, ¿cómo no te voy a necesitar? ―murmuró sin soltar mi mirada ―. Y luego te fuiste, desapareciste sin ninguna explicación detrás, ¿qué crees que sentí en ese momento? No contestabas mis llamadas y no tenía idea de dónde podía buscarte. Archivé todos mis escritos el mismo día que caí en cuenta de que no volvería a verte.
>>Entonces, reconocí a Aly en la cafetería. Siete años después. Y allí estabas tú. Te había vuelto a encontrar ―sus ojos tomaron un nuevo brillo, algo muy parecido a la felicidad de haber encontrado un tesoro invaluable.
Analicé sus palabras lentamente. Este había sido el más largo de sus discursos. El más sincero. Y también el último que escucharía de él.
―No importaba el hecho de que estuvieras visiblemente enferma. El brillo de tus ojos seguía intacto. La alegría de vivir aún se observaba en tus pupilas. Por eso te reconocí ―me contó.

martes, 27 de septiembre de 2011

Who would not be terrified?


"Cuando amas a alguien... realmente lo amas, amigo o amante, le tiendes abierto tu corazón. Le das una parte de ti mismo que no le has dado a nadie y les dejas entrar en una parte de ti que sólo ellos pueden herir, literalmente les entregas una navaja con un mapa de dónde pueden cortar más profundo y más dolorosamente el corazón. Esto te deja desnudo y expuesto, preguntándote qué les hiciste para que quieran herirte tan horriblemente cuando todo lo que tú has hecho es amarlos. ¿Qué está tan mal contigo que nadie puede mantener la fe en ti? ¿Que nadie puede amarte? Que esto suceda una vez es bastante malo... ¿pero que se repita? ¿Quién en su sano juicio no estaría aterrado de eso?"

Acheron Parthenopaeus a su hija Katra.


Texto extraído de "El diablo puede llorar" -si mi memoria no me falla- de Sherrylin Kenyon.
Imagen de Nika Fadul en Flickr.

martes, 20 de septiembre de 2011

I love

Amo como sonríes, y me encanta que me robes sonrisas a todas horas. Porque pienso en ti y se me pone cara de boba, y me da igual. Te quiero porque no puedo dejar de mirarte y cuando nuestras miradas se cruzan se me acelera el pulso. Te quiero por nuestra complicidad, por ese lenguaje que solo nosotros dos entendemos. Me gusta sentirte cerca. Y adoro que estés pendiente de mi. Que eres mi locura y mi adicción. Me gusta que te pongas celoso. Me encantan tus toques de “ te echo de menos” y nuestras llamadas al atardecer. Conozco todas tus manías, y todos tus gestos. Me conozco cada parte de tu cuerpo, me gusta mirarte detenidamente. El color de tus ojos es mi favorito. Y mi afición preferida es tocarte el pelo. Tu voz puede llegar a hacerme temblar, y tu nombre está permanentemente en mi cabeza presente.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Amor cibernético




Se conocieron en la era digital, 2011, en una plataforma digital, Facebook, en una pantalla digital, iMac, pero sus corazones eran analógicos. Y sus bocas y sus suspiros no podían ser traducidos a un código binario, a un idioma de ceros y unos. Dicen que las máquinas nos comerán y acabaremos convertidos en animales digitales pero nunca sucederá eso. Las sábanas no se empapan por tormentas de ideas en foros cibernéticos sino por la fusión de dos deseos que chocan frontalmente sobre la superficie de un colchón. No se puede escanear un abrazo, ni darle a la tecla ESC cuando los malentendidos te llenan el corazón de dudas y el dolor no se puede meter tampoco en la bandeja de salida. Todo esto les pasó. Se conocieron en digital, se amaron en analógico y cuando comenzaron a discutir decidieron regresar a sus teclados. Pero pronto lo entendieron y arrojaron el ordenador por la ventana: el antivirus del amor es más amor.





Lo encontré, irónicamente, en Facebook.


domingo, 4 de septiembre de 2011

El mejor cansancio

La casa estaba silenciosa. La noche aún más. No se oían siquiera el cantar de los grillos o el soplido del viento que invadía por las ventanas. 

Incluso el exterior parecía como si el Padre Tiempo se hubiera olvidado de volver a presionar start. 

Pronto, dentro, en la habitación el silencio dejó de ser tal. Pues habías empezado con tu sendero de besos, con la degustación de mi piel. Algo parecía haberte aburrido. Quizás, simplemente fue la mejor manera que hallaste para romper con aquel silencio. 

Quizás, simplemente habías entrado en mi mente y robado algunas ideas. 

Tus labios acariciaron mi piel de una manera tan suave y delicada que si no supiera que eras tú y tu espíritu aventurero, hubiera asegurado que se trataban de aleteos de mariposas. Mariposas llenas de promesas y anhelos. Que daban tan poquito que dejaban con gusto de más. 

Y de algún modo lo supiste. 

Tus besos habían dejado de ser tiernos. Ahora eran apasionados. Entregándolo casi todo. Realizando un bosquejo detallado de cuánto más eras capaz de dar. Me aferré a ti como si fueras la salvación en momentos finales. Como el último paracaídas en un avión que caía en picada. 

Mis manos inútilmente intentaron abarcar todo tu cuerpo, con premura. Con necesidad. Con especial atención en tu triangular espalda desnuda, cuyos músculos se marcaban en ondulación por la penumbra, iluminándolos sólo la tenue luz de las velas. Pero resultaban tan pequeñas. Insuficientes. 

Gemí frustrada. 

Descendías y ascendías en aquella ruta imaginaria trazada por tus labios, como si te faltaran bocas para poder besar. Como quien pasea una y otra vez por un sitio que le gusta. Mi piel en tu paladar era vainilla dulce. La tuya en el mío, chocolate negro. 

Chocolate del que nunca tenía bastante. 

Fuiste deshojándome como si yo fuera un regalo que hubieras esperado mucho tiempo, con parsimonia y a la vez fiereza. Mientras tanto y al mismo tiempo, yo deshacía tus ropas lanzándolas fuera de nuestra burbuja. También había esperado mucho por un obsequio como tú. 

Tentaste mis barreras. Me prometiste el cielo, me dejaste acariciarlo con las manos para luego quitármelo y haciéndome desearlo aún más. Para de nuevo tentarme. E iniciar una y otra vez ese pequeño juego que parecía llenarte. Que dejaba que te colmaras de mis suspiros y súplicas que parecían divertirte. 

Tu boca invadió la mía y en el entrecruzar de nuestras lenguas y el resoplido de nuestras respiraciones, ambos experimentamos el fuego de la pasión, naciendo allí donde tu piel hacía contacto con la mía, invadiendo y consumiéndolo todo a su paso cual incendio. 

Y te ubicaste sobre mí deliciosamente, presionando tu cadera contra la mía, aplastándome sobre el mullido colchón, abrazándome como si yo fuera tu todo. Haciéndome saber que, en ese momento, tú estabas experimentando lo mismo que yo. 

Tu centro presionó el mío, activando nervios y suprimiendo pensamientos y tus labios entretenidos en mi cuello como si se tratara de la más divertida de tus travesuras. 

Mi piel parecía que fuera a estallar por cada poro, con cada una de las caricias de tus grandes manos curiosas. Vagabundas. Sabias. Me sentía tan pequeña a tu lado. Pequeña y protegida. 

Amada y deseada. 

Era tan sencillo amarte de este modo, amor, sabiendo que pocas veces podemos ser sólo tú y yo, nosotros mismos. Ambos indefensos e igual de expuestos, desnudos no sólo en cuerpo, sino también en alma y corazón. 

Tú bien sabes que yo no te haría daño. Yo bien sé que jamás me lastimarías. 

No ahora, amándonos. Ni después con el mejor de los cansancios. El que deja el habernos entregado por completo.-

lunes, 16 de mayo de 2011

Extrañar, contigo ya no es extrañar

Antes de ti creía que no ver a alguien sería extrañar.
Pero entonces apareciste en mi vida y ya no te extraño en tu ausencia. No.
¿Cómo extrañarte si te tengo dentro de mí con cada latido?
Así que no te sorprendas si no te extraño pues he sentido que me acompañas desde el momento que has abandonado mis labios y cruzado el umbral.
Pues, contigo, aunque tu cuerpo no esté a mi lado. tu corazón ha invadido el mío y no hay manera de sentirme sola.
Pues contigo, extrañar ya no es extrañar. 

Imagen de Sevgi K en Flickr

domingo, 8 de mayo de 2011

Heart




Mi corazón no se puede romper... 
si nunca estuvo entero desde el principio.







Imagen de Erin Nicole Photography en Flickr

domingo, 24 de abril de 2011

Look at his eyes





Y mirarte a los ojos y perderme en su profundidad, a sabiendas de que el mayor peligro es perder la noción del tiempo.
Mirarte a los ojos y saber que, pase lo que pase, harás que mi corazón volara fuera de mí, siempre en tu dirección.