Esta Cenicienta ya ha pasado por noches increíbles y por eternas tardes de tristeza. Esta Cenicienta ha amado al Príncipe azul y al vagabundo pensando que ese podía ser su cuento de hadas. Esta Cenicienta ha reído con chistes malos y ha llorado por razones que estaban más allá de ella.
Esta Cenicienta ha caído y ha llenado de lodo su mágico vestido. Pero esta Cenicienta se levantó y lanzó sus zapatos de cristal bien lejos para correr en libertad.
Para ser, finalmente, feliz. Por el tiempo que dure.
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lunes, 17 de septiembre de 2012

The best...


Tal vez no pueda darte lo mejor del mundo, 
pero sí lo mejor de mí.

Regresando al mundo bloggero, estuve un tanto alejada de internet y muy cerca de los libros últimamente. No prometo actualizar todos los días pero sí cada vez que lo necesite.

Imagen de Nika Fadul en Flickr

domingo, 20 de mayo de 2012

A primera vista

 
Cuando no tuve nada pedí. Cuando todo era ausencia esperé. En los días de frío temblé. Cuando tuve coraje llamé.
Cuando llegó carta la abrí. Cuando escuché a Prince bailé. Al brillar la mirada entendí. Cuando tuve alas volé.
Cuando me llamaste allá fui. Cuando me di cuenta estaba ahí. Cuando te encontré me perdí. En cuanto te vi me enamoré.
 
"A primera vista" - Bahiano.

miércoles, 4 de abril de 2012

Old I love you


Ese extraño momento cuando te das cuenta de que aquella vez que dijiste Te amo no alcanzó a ser ni un ápice de lo que significa ahora.
Que habías estado equivocada y no lo sabías hasta que ese Te amo finalmente tuvo sentido.

domingo, 11 de marzo de 2012

Me haces tanto bien

Enséñame a bajar tu cremallera, ya sabes dónde voy, ya sabes que he pasado la frontera arrancando algún botón.
Me quemas con la punta de tus dedos, tus manos hacen llagas en mi piel, me quemas con tu lengua que es de fuego, la sangre hierve o no lo ves.
Me haces tanto bien.

"Me haces tanto bien" de Amistades peligrosas.

Extraño cuando se podía cantar sobre algo sensual sin recurrir a la grosería.

viernes, 27 de enero de 2012

Bendito tú



Bendito el lugar y el motivo de estar ahí. 
Bendita la coincidencia. 
Bendito el reloj que nos puso puntual ahí. 
Bendita sea tu presencia. 
Bendito Dios por encontrarnos en el camino y de quitarme esta soledad de mi destino.



Fragmento canción "Bendita tu luz" de Maná.

martes, 24 de enero de 2012

Light in the darkness

No trates de entenderme, porque puedo tener miles de dudas y tan sólo unas pocas respuestas. No trates de ser perfecto por que la perfección no existe. No intentes hacerme encajar en la sociedad cuando ya sabes que puedo ser todo un desastre. No pido que seas perfecto, sólo quiero estar ahí contigo aún sin tener un futuro escrito. Solo quiero ser luz, que alumbre tu oscuridad.

martes, 17 de enero de 2012

To know




Saber que alguien ha cambiado tu vida se siente bien.
Saber que cambiaste la vida de alguien es fenomenal.

sábado, 14 de enero de 2012

Gift


No recuerdo haberme portado tan bien como para que me hayan traído tan increíble regalo.

domingo, 8 de enero de 2012

I finally found you

Yo solía pensar que sabía quién eras tú, no sabía que dentro de ti yo iba a encontrar la luz, no sabía que existía un mundo así, no sabía que podía ser tan feliz. 
Y la vida pasaba de largo, vacía, sin emoción, no había nada flotando en el aire abrazándome el corazón.
Hoy que estoy en tus brazos recuerdo mi soledad, y me río pensando en las veces que yo te dejé pasar.
Llegaste tú y el mundo me abrazó. Y llegaste tú y me sorprendió el poder que había en este amor, y llegaste tú, una bendición, aún recuerdo el momento en que todo cambió.

Canción: Y llegaste tú de Sin bandera. 
Cuesta tanto encontrar últimamente buenas letras en las canciones.

sábado, 7 de enero de 2012

A day...

Un día, la vida me golpeó tan fuerte que me enseñó a resistir. 
Un día, me mintieron de tal forma que me dolió y entonces aprendí a ir siempre de frente con la verdad. 
Un día, me falló quien menos imaginaba y entendí que las palabras hay que cumplirlas y de los actos, hacerse cargo. 
Además, un día lastimé a alguien y fue ahí cuando aprendí a pedir perdón. 
Un día lo viví triste y cuando llegó la noche me di cuenta que es mucho más lindo sonreír que llorar. 
Otro día, perdí mi tiempo con cosas que no valían la pena y noté que la vida pasa demasiado rápido para perdérsela esperando algo que nunca va a pasar. 
Un día, descubrí que tiene sentido enamorarse y pelear por lo que uno siente.
Después de muchos días entendí, que en la vida todos te van a lastimar, pero tienes que encontrar a las personas por las que vale la pena sufrir. 
Tienes que sonreír. Tienes que saber amar. Tienes que tener la grandeza para aceptar tus errores y la valentía para pedir perdón. Tienes que compartir. Tienes que cumplir. 
Tienes que olvidarte de los que te critican y unirte a los que te quieren y por sobre todo tienes que vivir cada momento como si fuera el último....

viernes, 6 de enero de 2012

Touch me

Si ves que me he alejado de mí misma y que no me he dado cuenta que me atrapa el egoísmo, que camino sin fijarme hacia el borde de un abismo. 
Si algún día me ves dormida y no he podido despertar. 
Si ves que estoy perdiendo los detalles y que avanzo sin mirar cuando camino por la calle, porque estoy muy preocupada para que nada me falle y dejé de hacer las cosas solamente por amar. 
Si ves que no sonrío fácilmente porque ahora me preocupa lo que me era indiferente. Si la sombra del futuro está nublando mi presente. Si las trampas de mi mente no me dejan escapar. 
No me dejes continuar, hazme regresar. Tócame para unirme con el mundo, para respirar profundo, solamente tócame.
Tócame para estar de nuevo en casa, con tu mano se me pasa todo el miedo.

Canción: Tócame de Sin bandera.

sábado, 31 de diciembre de 2011

viernes, 30 de diciembre de 2011

Soñando...



Que de amarte y de quererte podría hablarte tanto, cariño. Que con esperarte y soñarte me conformo por lo pronto, porque sé que al final, todo me hará el doble de feliz que con sólo pensarte.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Little secret

¿Sabes qué? hoy, y repito: sólo hoy, voy a contarte un secreto. Agarrate fuerte a él si te apetece, sino déjalo volar como si no hubiera salido de mi boca. Pero sí, aunque te parezca increíble, hoy me voy a saltar mi regla, te voy a decir exactamente que tú eres mi gran debilidad, formas parte de mi lista de obsesiones, deseos y ganas. ¿Que por qué te lo digo? Porque tengo unas enormes ganas de ti, que día a día van creciendo más. ¿Qué hago si me has devuelto las tontas mariposas y la gran sonrisa de oreja a oreja que tanto echaban de menos mis labios? Pero calla ¿eh? Que esto sólo es un pequeño secreto. Esto es algo entre tú y yo. Esto es algo nuestro...

lunes, 21 de noviembre de 2011



Si todos pudieran amar como tú y yo, imagina el mundo que podría ser.




Fragmento de la canción If everyone cares de Nickelback.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Countdown - Parte 17


Último párrafo [cont.]

A la mañana siguiente, el ingeniero Acker fue despertado por un llamado proveniente de la editorial donde había dejado el manuscrito original de su primer libro. La primera tanda de ejemplares saldría la semana siguiente y los libros ya estaban impresos y encuadernados para que él fuera a echarles un vistazo. 
Así lo hizo, con la emoción de haber cumplido su sueño. Y en lo primero que pensó al observar la portada del ejemplar que tenía en sus manos y, mientras el aroma a la tinta aún flotaba con cada página, fue en una joven que descansaba sobre una cama de hospital. 
Ese primer ejemplar entre sus manos ya tenía dueña y se lo haría llegar de manera personal. 

*** 

Alyssa Grant despertó esa mañana muy temprano debido al alboroto de gente que entraba y salía de la habitación que compartía con Jean. Desde su puesto en el sofá más lejano observó cómo el doctor Sullivan desconectaba las máquinas y el dolor desbordó su corazón al observar el inerte cuerpo de su amiga, más pálida que nunca y con la boca entreabierta como si aún intentara respirar. 
Todo había terminado para ella. Para ambas.
Se puso de pie y, como una autómata se acercó al lecho. Su amiga ya no estaba allí aunque quisiera que así fuera. 
Una solitaria lágrima abrió paso por sus mejillas precediendo la procesión de su llanto. Uno que en hacía demasiados años no inundaba su rostro. Uno que no pensó que derramaría jamás. Porque ella no lloraba jamás, porque ella era la princesa del hielo y las emociones no se marcaban en su cuerpo. 
Porque ella se había prometido a sí misma purgarse de todos los sentimientos. 
Pero había perdido a su única y mejor amiga. 
“No llores, amiga”, le habría dicho Jean, “ambas sabíamos que pasaría. Soy sólo yo, vamos”. Incluso podía sentir sus manos en los hombros, dándole apoyo. 
Recordó la sonrisa de la Jeanette positiva que vivía en Londres con ella. La que iba colocando dibujos y pinturas de colores por todo el departamento para que la casa “tuviera vida”. 
El destino había sido tan injusto con ella. Tomó una de las delgadas y frías manos de Jeanette entre las suyas y se despidió de su amiga para siempre prometiendo que continuaría viviendo en aquel libro que había escrito hasta el día anterior como si supiera que esa misma noche todo terminaría. 


Damien estaba feliz en su camino hacia el hospital. Llevaba con ansias su primer libro, el que se lo regalaría a Jeanette. No podía esperar para saber su opinión. 
Lo había escrito pensando en ella y fue por ella que lo tituló “Si tú fueras mi cielo”. En él había abierto su corazón como nunca antes lo había hecho desde que la había conocido hacía más de diez años. Esta era su forma de decirle lo que sentía pues la muchacha de la historia resultaba ser una copia fiel de su mejor amiga, con todos sus rasgos físicos y todo lo que amaba de ella. 
Estacionó su coche en el subsuelo y subió hasta la habitación correspondiente. Abrió la puerta sin tocar deseando que ella estuviera despierta. La saludaría con un beso en los labios. 
Al llegar, el cuarto estaba prácticamente vacío, sólo vio a Alyssa cabizbaja, acariciando las sábanas de una cama que ya no estaba ocupada. 
Su corazón lo entendió en ese instante. Jean no había visto la increíble mañana que se reproducía afuera pues su Jeanette había muerto. 
Los ojos delineados de rojo de Alyssa y con las ojeras marcadas se encontraron con los azules de Damien y bastó para contestar todas sus preguntas. Esa misma mirada disipó las dudas y abrió su pecho con una navaja, exponiendo todos sus órganos al exterior. Robándole el aire. Helando su alma. 
El regalo entre sus dedos aterrizó en el suelo con un golpe sordo mostrando en la portada la imagen de una joven morena de brillante cabellera que se estiraba para alcanzar un globo que se perdía en el cielo, y Aly corrió a encontrar algo que calmara su dolor en sus brazos. 
Dos penas siendo una más grande. Ambas llorando por un alma perdida. Jeanette que había decidido marchar aquella mañana, cuando el otoño perecía.-




Imagen de Dianar87 en Deviantart.


Bueno, Countdown llega a su fin. Espero que a mi lectora principal le haya gustado -porque no estoy segura de si alguien más lo leyó-. Mi intención con esta historia fue, sobre todo, mostrar el impacto de las decisiones que cada persona toma en su vida. Quería mostrar cómo -la misma Jeanette lo había dicho-, una decisión puede parecer buena en un momento y pésima pensándolo bien, pero que aún así, aceptar las consecuencias con la mejor sonrisa.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Countdown - Parte 16


Último párrafo

Gracias a las medicinas, no sabía decir si deseaba morir o no. No sentía mi cuerpo, el médico había dicho que de ese modo era mejor. Más llevadero. 
Pero quería irme, dejar de dar lástima con mi huesudo cuerpo, dejar de ocupar tiempo y espacio en las vidas de personas maravillosas que no merecían mantenerse atadas a mí. A lo que quedaba de mí. Personas llenas de vida, de sueños y expectativas. Llenas de capacidades. 
Sin embargo, si debía hacer un balance de mi corta existencia en el planeta Tierra, había conocido la amistad sincera con Aly. La unión familiar con mis padres. Y el sufrimiento y el amor con Damien.
Reí hasta llorar y esbocé una sonrisa cuando el llanto llegaba a su fin. 
No tuve hijos, ni planté muchos árboles. No podía donar órganos y aun no terminaba de escribir un libro. 
No colaboré con Greenpeace cuando dije que lo haría, ni fui a visitar a algún anciano al hospital. No leí un cuento a un niño huérfano ni me lancé en paracaídas. 
No teñí mi cabello de rojo como había deseado ni encontré las fuerzas para hacerme el tatuaje de un hada en mi omóplato. 
Pero para una persona común como yo, el haber conocido esos enormes sentimientos, el haber trabajado de lo que me gustaba y con la persona que quería había sido la mayor bendición y eso había llenado mis días de alegrías y gratificaciones. 
Intenté verle el lado positivo a la mayoría de las cosas y traté de mantener la sonrisa en mi rostro la mayor parte del tiempo. Agradecí por lo que había conseguido y acepté los dictámenes de cualquier ser superior. Intenté encontrar felicidad en las pequeñas cosas. 
Por lo tanto, podría decir que mi misión en la Tierra estaba cumplida. 

―Gracias, Aly ―musité con la voz quebrada cuando ella terminó de leer el último párrafo de lo que sería mi libro titulado “Cuenta atrás”. 
Y ya no fui capaz de pronunciar alguna otra palabra pues el sueño ganó mis resistencias y caí dormida entre las sábanas blancas aquella tarde de septiembre. 

*** 

Damien Acker llegó esa noche al sector Oncología del Hospital General de San Francisco con prisa por hablar con el médico de Jeanette. Estaba decidido a hacerla entrar en razón y que siguiera un tratamiento. No podía ser demasiado tarde para intentarlo. El dinero no importaba en lo más mínimo y aún menos cuando estaría logrando que ella regresara al mundo para poder amarla como se lo merecía. 
―Lo único que podría resultar moderadamente bien a estas alturas sería un trasplante de médula ósea ―le dijo el doctor Sullivan mientras metía sus manos en los bolsillos de su bata blanca―. Pero a partir del hecho de que, básicamente, la médula donante debe ser compatible con la de la señorita Fairchild resultaría imposible encontrar tal donante ya que por lo general, la compatibilidad se da entre familiares cercanos y tengo entendido que la paciente sólo lo tiene a usted y a su amiga ―finalizó apesadumbrado el joven profesional. 
Damien agachó la cabeza, abatido como si todas las esperanzas se hubieran fugado de su enamorado corazón y maldijo en su interior por no haber hecho algo antes. Cualquier cosa bastaría para hacerse entender que al menos lo había intentado. 
Era la primera vez en la vida que deseaba algo con tanta fuerza y no podía hacer absolutamente nada. Demonios, si hubiera resultado, él mismo se sacrificaría por saber que ella sobreviviría. 
Agradeció al médico por su atención, no así por su inútil explicación y partió hacia la habitación 352, la de Jeanette. 
Ella dormía, como un ángel envuelta en nubes de sábanas blancas. Sonrió al observar la paz que emanaba. Como indiferente de los miles de sonidos que la rodeaban.
Odiaba cómo la leucemia la había consumido, como si se la comiera desde adentro dejando sólo piel y huesos tras sus pasos. 
Pero ella había sido siempre la misma. La misma Jeanette, la misma simpatía, la misma sencillez. El mismo brillo inocente en sus ojos oscuros y la misma sonrisa destellante en sus labios ahora pálidos. 
Los mismos labios que él mismo había probado la noche anterior y que, a pesar de saber que ya no mantenían el mismo sabor, a él le habían sabido a gloria. Un néctar de edición limitada y que, hasta entonces, jamás había probado. 
La había besado finalmente, lo había deseado hacía tanto tiempo que ya había perdido la cuenta. Pero jamás había soñado que cumpliría su deseo y mucho menos en una situación como aquella: ella internada con leucemia sin otro tratamiento que no fuera el que la mantenía sin dolores. 
Su cabeza estaba decorada con un pañuelo de seda multicolor y sus uñas resaltaban sobre la gama de los blancos del ambiente con su estridente tono azul eléctrico. 
Jean era así, multicolor como un arco iris, con tantos colores como energía. Decía lo que sentía y amaba sonreír a todo y a todos, incluso aunque el receptor de sus sonrisas no se lo mereciera. 
―¿Cómo ha estado? ―le preguntó a Alyssa a modo de saludo, al tiempo que colocaba un nuevo ramo de flores en el jarrón violeta sobre la mesa de noche. 
―No despertó en toda la tarde ―le explicó ella con la mirada cansada―. Ha tenido días mejores. 
Alyssa estaba escribiendo en su laptop mientras él se quedaba contemplando la madeja de piel que resultaba ser su amada. 
No podía evitar pensar en qué habría pasado si él hubiera ido en su busca cuando ella había desaparecido. Aunque tampoco era que en aquel momento tuviera alguna pista sobre dónde podría encontrarla. 
Damien se mantuvo a su lado hasta muy tarde a la noche, volvió a su departamento sólo después de que Aly lo hubiera despertado del regazo de Jean. Besó su pálida frente y antes de partir memorizó la tranquilidad de su cuerpo para luego desaparecer tras la puerta.


Imagen de Aimeeliketotakepics en Deviantart.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Frida [relato]

Frida acomodó sus compras sobre el mostrador para que el cajero pudiera cobrarle. Medio kilogramo de fresas y un pote de crema batida. 
Sus delicadas manos de uñas pintadas de rojo dejaron la bandeja de fresas del mismo color sobre la superficie metalizada. 
El joven se dedicó a apretar botones sin siquiera levantar la mirada hacia ella. Pero Frida sabía que ella no tardaría en ver el color de sus iris. No tardaría en ver sus labios curvarse hacia ella. Lo sabía. 
-Son veintinueve, ochenta y nueve –musitó con voz mustia el cajero cuyo gafete rezaba Fred. 
-Tengo treinta –habló Frida con suavidad tendiéndole los billetes. 
Sólo entonces, Fred levantó la cabeza y recorrió el cuerpo de aquella mujer frente a él, de arriba abajo y deteniéndose con especial interés en el escote de su vestido primaveral blanco con flores rosas. Le pareció bonita. De hecho, hermosa. No ostentaba grandes curvas, mas aquel vestido le sentaba perfecto. Incluso pudo percibir un pequeño trozo del encaje rosa asomando por el borde del escote. 
Se aclaró la garganta antes de tomar el dinero que aquella delicada mano de uñas rojas le tendía y cambió su expresión por una más jovial en un instante. Como quien pasa la página de un libro. Una media sonrisa dejó atrás su cansada expresión. Frida sabía qué pensaba él y le encantaba. 
El joven le tendió un par de caramelos de uva como vuelto de su compra, aun cuando resultaba más de lo que correspondía. Ella le regaló una sonrisa inocente y agitó su castaña cabellera antes de girarse a tomar su bolsa. 
-Que tenga buenos días–se despidió Fred con animosidad luego de garabatear su número de contacto en el ticket de compra. 
Frida caminó contoneando sus caderas hasta la puerta de salida a sabiendas de que el joven la continuaba observando. Sintió esa calidez recorriéndola allí donde esa mirada castaña se paseaba. Y no desapareció hasta que se encontró bastante lejos. 
Se apresuró a tomar el transporte público y allí se ganó el saludo amable de un malhumorado chofer que se había dado la oportunidad de sonreírle a aquella mujer de tan encantadoras curvas. Las tenues de su cuerpo y la tímida de su sonrisa. 
Tomó asiento a mitad de las filas seguida por las miradas de todos quienes compartían el transporte con ella. Hombres y mujeres. 
Aquel día hacía especial calor en la ciudad por lo que subió un poco la falda de su vestido dejando ver un poco más de sus kilométricas piernas de suave color crema. Sintió una mirada masculina posada allí esperando que la tela mostrara un poco más de piel. 
Ella sólo sonrió, colocó la bolsa de sus compras en su regazo y con suavidad armó un desaliñado moño con su cabello para que el viento lograra acariciar su cuello y se llevase los restos de sudor. Tomó el pequeño espejo de su bolso y se prestó a observar si su maquillaje seguía en su lugar. 
Oh, sí, estaba intacto pese al sudor. Las largas pestañas continuaban negras agrandando sus ojos del color de las almendras y sus labios mantenían ese tono durazno apetecible que le había dado esa mañana. 
Una vez más sintió la observación de los pasajeros. Se sintió perfecta. Como si ellos también dieran su opinión acerca de su maquillaje. 
Ella sabía que era capaz de llamar la atención allí donde fuera. Todos se giraban sobre sí mismos para verla pasar, ver sus largas piernas y su estrecha cintura. Todos la veían esperando que les sonriera. Soñando con que se acercara a hablarles. 
Adoraba que los hombres la desearan y que las mujeres sintieran esa necesidad de querer parecerse a ella. 
Cruzó sus piernas entre sí y vio por el rabillo del ojo cómo un hombre cuarentón se agachaba notoriamente esperando ver algo más bajo su falda. Ella miró distraída el paisaje que rodeaba su departamento. 
Pronto debió descender del vehículo y le dedicó una mirada cargada de inocencia a aquel hombre que aún la seguía a través del cristal de la ventanilla. Como si en verdad ella nunca se hubiera dado cuenta de que él se la estaba comiendo con los ojos. 
Era adicta a las miradas, le gustaba saberse hermosa. 
Recorrió los escasos metros que la separaban de su hogar, saludó a un par de vecinos y, tras un corto paseo en ascensor, entró a su departamento dejando la bolsa de sus compras sobre la mesa del comedor. Se apresuró a darse un baño. Se quitó el maquillaje y simplemente hidrató su piel y roció un poco de su perfume detrás de las orejas. 
Cambió su sensual vestido blanco por un conjunto deportivo gris y ató su cabello en una alta cola de caballo en la cima de su cabeza. 
Tomó las fresas que había comprado, las lavó bajo el chorro de agua fría, las cortó en pequeños trozos y derramó la crema sobre ellas. Haciendo caso a esa parte de ella que pedía por un postre desde muy temprano en la mañana. 
Se dispuso a esperar mientras tomaba los trozos de la cremosa fruta y escuchaba una canción cualquiera en la radio de turno. 
El timbre resonó en el departamento cinco minutos después. Eso le robó una genuina y brillante sonrisa. Una muy distinta a todas las que había regalado esa mañana. Se apresuró a abrir la puerta y se refugió en aquellos brazos que tanto amaba sin siquiera asegurarse de quién era aquel hombre. Pues su corazón lo sabía antes que su cerebro y no necesitaba confirmarlo, ella conocía de memoria ese perfume amaderado. 
Cuyo dueño estaba más allá de una simple mirada furtiva en el supermercado o en la calle. 
El dueño de esos brazos que la rodeaban con cariño la amaba por sobre su aspecto y sólo frente a él ella podía ser simplemente Frida, sin prendas que mostraran más de su cuerpo. Él no necesitaba de prendas que pudieran insinuar, porque él simplemente conocía cada milímetro de su piel. 
El dueño de esos brazos y autor de aquel tierno beso no necesitaba que ella se mostrara inalcanzable, etérea, sensual e imposible. Porque él la había alcanzado y la había sentido real. Porque ella se lo había permitido. 
Él dueño de aquel suave ‘Buenos días, cariño’ no necesitaba del maquillaje que agrandara sus bellos ojos, ni del rubor artificial en sus mejillas, no necesitaba del rojo en sus labios ni de las miradas cargadas de dobles significados. Porque sabía que ella cambiaría todas aquellas miradas que le habían regalado en todo el día por una sola de las suyas en ese momento. Una mirada llena de verdadero amor.-

jueves, 3 de noviembre de 2011

Perfection

Él no es perfecto. Tú tampoco lo eres, y ustedes dos nunca serán perfectos. Pero si él puede hacerte reír al menos una vez, te hace pensar dos veces, si admite ser humano y cometer errores, no lo dejes ir y dale lo mejor de ti. Él no va a recitarte poesía, no está pensando en ti en todo momento, pero te dará una parte de él que sabe que podrías romper. No lo lastimes, no lo cambies, y no esperes de él más de lo que puede darte. No analices, sonríe cuando te haga feliz, grita cuando te haga enojar y extráñalo cuando no esté. Ama con todo tu ser cuando recibas su amor. Porque no existen las personas perfectas, pero siempre habrá una persona que es perfecta para ti.

Bob Marley.


Estuve desaparecida por más de una semana -si alguien lo notó-, problemas de conexión y la verdad ni ganas de ir hasta algún lado que tenga internet.

martes, 1 de noviembre de 2011

Countdown - Parte 15


Confesiones [cont.]

Mi mente no estaba preparada para tanta información acumulada y volvía a trabajar a velocidad reducida. Una parte de ella saltaba de alegría por todo aquel significado oculto en las palabras. 
La otra, simplemente se negaba a creer en esta realidad. 
―Volví por ti, Damien ―me confesé intentando esquivar mi vista hacia cualquier parte, mas él no me lo permitió―, quería saber cómo estabas. 
―¿Por qué desapareciste? ―volvió a preguntarme como unas cuantas noches atrás. Urgido por una respuesta, pero con la ternura de quien sabe que no la encontrará de buenas a primeras. 
Cerré los ojos con fuerzas. Era el momento, iba a perderlo de todos modos, ¿qué importaba que le dijera la verdad? ¿Qué diferencia haría? 
Ninguna. Sólo me quitaría un peso de encima. 
―Tenía miedo ―susurré, un tanto por la conmoción y otro tanto por la escasa fuerza que quedaba en mi cuerpo―. Había empezado a sentir por ti cosas que no me permitía y pensé que cruzando la frontera las podría abandonar aquí. 
―¿Fue así? ―quiso saber. Negué con la cabeza. 
Aquellos sentimientos me habían acompañado hasta Inglaterra. Me acompañarían incluso si viajara hasta la Luna. Estarían conmigo por siempre. 
―No sabes la impotencia que siento al verte dejándote morir. La impotencia de encontrarte sólo para volver a perderte y esta vez para siempre. Pero aún más porque podríamos haber tenido un futuro juntos. Uno mejor que éste ―dijo, esta vez agachando él la vista. 
Dejó caer su mano de mi rostro, rendido. El corazón se me estrujó de tristeza y las palabras resonaron en mi interior por todo un minuto. 
“Un futuro juntos”. Inclusive podía imaginarlo. Podía verme enamorada de él, riendo juntos en la banca de una plaza. Jugando con la harina mientras preparábamos pizza. Durmiendo acurrucada en su pecho mientras la lluvia empañaba el vidrio de mi ventana. Sería tan sencillo dejarlo ser que dolía todavía más que los ataques de la leucemia en mi cuerpo. 
―Por favor, no digas más. No soportaría pensar en todo lo que me he equivocado ―musité de manera casi inaudible. Cerré los ojos y me lamenté profundamente. 
Había cometido tantos errores y ahora era demasiado tarde. La bomba estaba a punto de estallar y en ese momento, deseaba que lo hiciera. 
Advertí una cálida respiración acariciar mi nariz, un segundo antes de sentir la suavidad de sus labios en los míos. Tiernos y cargados de sentimientos, de necesidad y deseos. 
Si tan sólo pudiera borrar la leucemia de mi cuerpo. Hubiera respondido con mayor vitalidad a aquel beso. Daría todo de mí y no sólo la mísera pizca de vida que se me escapaba con cada respiración. 
Pero un beso de Damien lo justificaba todo. El saber que sentía algo lejanamente parecido a lo que yo sentía por él, allí, incluso a un metro de la muerte, me mostraba que en verdad el amor existía. Que había alguien allí para mí pero que por decisiones equivocadas jamás sería nada más que ese beso. 
La respiración me falló casi de inmediato y él lo supo. Se apartó de mí y lo observé abrir sus ojos. Sus ojos azules salpicados de amor, al borde del llanto y enmarcados por largas pestañas que lo hacían adorable. 
Las motitas oscuras en sus iris estaban allí como hacía siete años y minúsculas líneas de expresión se dibujaron en el contorno de sus ojos cuando me sonrió levemente. 
Me llevaría esa imagen tatuada para toda la eternidad. 


El día siguiente fue el peor de todos. Ni siquiera podía encontrar un poco de paz rememorando el beso con Damien. Había sido el momento más especial de mi vida y no había podido disfrutarlo. 
Ese beso había sido el principio de algo que duró lo que el beso. Un par de segundos. Para terminar sin que siquiera sus labios lograran calentar los míos con su roce. 
La muerte estaba rondándome muy cerca, podía sentirla a los pies de la cama, decidiendo si llevarme con ella en quince minutos o mañana por la mañana. Como si esperara el escenario preciso para mi último acto. 
Aly a mi lado, escribía lo que le susurraba, con su oído inclinado hacia mi prácticamente inaudible voz. Corrigiendo mis expresiones cuando resultaban incoherentes. 
Buscaba un cierre, una manera de culminarlo todo. Algo que quien lo leyera luego no se quedara con un sabor amargo ni una tristeza incontenible como la de mi amiga en ese momento. Algo que, de cierto modo, dejara una enseñanza. 
Pero me resultaba difícil dejar una moraleja cuando yo misma había aprendido tarde todas las cosas trascendentales de la vida. 
Pero, aun viendo a la muerte a la cara, no tenía miedo ni dolor. Los analgésicos se encargaban de borrarlo todo. Sólo me quedaba una estúpida sensación en el pecho al no haber seguido el consejo de Aly cuando insistía en que me tratara. Claro, en ese entonces no tenía idea que volvería a encontrar a Damien, que resultaría que lo continuaba amando y que él correspondería minúsculamente a ese sentimiento. 
Mi amiga mientras tanto se mantenía en silencio, salvo las escasas palabras que de vez en cuando pronunciaba para corroborar mis ideas a escribir. No comentaba acerca de lo que estaba cerca, pues ella bien sabía que yo conocía muy bien las palabras que quería decir al respecto de casi todo. 
“Me alegra que tú y Damien se hayan sincerado”, habría dicho. “Aunque me hubiera gustado que todo sucediera antes” 
Era increíble la manera en la que una simple decisión tomada en un momento diferente podía haberlo cambiado todo. 
La decisión de no huir de Estados Unidos, la de confesar mis sentimientos a Damien aún estando aquí, la de seguir un tratamiento… podría haber logrado que yo no estuviera en esas condiciones. 
Quizás estaría casada con Damien, recuperándome de leucemia. 
Quizás lo nuestro no habría funcionado de todos modos pero me habría convencido de luchar. 
Siempre pensé que las decisiones tomadas en un determinado momento podían resultar muy buenas hoy y no tan buenas mañana, viéndolas desde otra perspectiva.
De cualquier modo, ya era demasiado tarde para mí.